domingo, 11 de noviembre de 2007 | By: Cafeína

Versalles

Este fin de semana, después de un sábado de duro trabajo, cogimos el coche dirección de...¡¡París!! Pero no os confundáis, viaje completamente diferente al de hace 15 días.
Como llegamos un poco tarde para acercarnos al centro (Nico y Sophie viven a las afueras de París, en pleno campo) decidimos darnos un paseillo por el bosque de detrás de su casa. Es una lástima que la foto saliera un poco oscura, a pesar de que era de día, porque los colores eran preciosos. Como veis, el otoño ya empieza a apretar por el norte...
Más tarde, e
n casa y con la chimenea bien encendida, nos pasamos horas de risas con los juegos de mesa. A veces olvidamos lo bien que se puede pasar una tarde en grupo con algo tan simple como eso. Hay videos de mímicas que no tienen desperdicio.

Y el domingo...¡¡Versalles!! Como os dije en el último post de París, ya he estado varias veces. Bueno, pues Versalles, junto al Museo del Louvre, eran mis eternas cuentas pendientes. Ahora ya sólo tengo una.
El palacio de Versalles empezó siendo una pequeña casa de campo que Luís XIV transformó y rodeó de un gran parque. La transformación convirtió esa pequeña casa en un extravagante palacio que pronto se convirió en el símbolo de la riqueza francesa. Luís XIV quiso que todas las pinturas del interior hicieran competencia directa a las pinturas de sus "hermanos" italianos, los mejores de la época, haciendo de él el Museo-Palacio que es hoy en día.
Los que hayáis visto películas como Maria-Antonieta de Coppola os podéis imaginar la suntuosidad del lugar. El oro decora todas las habitaciones y la seda recubre paredes, camas y sillones. Las cámaras, de techos a
ltos y dimensiones comparables a las de un apartamento completo actual del centro de Madrid, están llenas de cuadros y esculturas.
La sala más impresionante del Palacio es la Galería de los Espejos, un pasillo con 15 ventanas en un lado emparejadas con espejos de las mismas dimensiones en el otro, acompañada de velas y arañas que le dan una luminosidad especial. Quizá por eso, fué elegida en 1918 para firmar el Tratado de Versalles y con él, dar fin a la Primera Guerra Mundial.
Si el Palacio no fuera suficiente, alrededor de él se extienden hectáreas de preciosos jardines (hoy, públicos) con enormes fuen
tes llenas de esculturas y donde (parece ser) por la noche se celebran espectáculos de luz y sonido.
Al acabar los jardines se llega a los Dominios de Maria-Antonieta, compuestos por el Gran Trianón, el Pequeño Trianón y un teatro. Estos dos últimos deben ser preciosos pero estaban cerrados por ser temporada baja (por cierto, que nadie nos advirtió al pagar la entrada). El Gran Trianón es un "pequeño" palacio que sirvió a la famosa reina para alejarse de todo el protocolo que tanto odiaba. Ella lo redecoró por completo (fue la primera reina que se atrevió a cambiar todo lo relativo a tradiciones de palacio) y organizó fiestas en las que todo estaba permitido...

En resumen, el Palacio de Versalles está bien. Nos hacemos una idea al verlo de cómo los reyes de Francia consiguieron con él, su ornamentación, sus fiestas y las guerras paralelas, acabar con todo el dinero del país y ganarse la enemistad del pueblo francés.
La visita puede val
er la pena para quien no haya visitado otro palacio antes o para quien vaya a París para más tiempo que un fin de semana porque recorrerlo al completo puede llevar todo un día, sobre todo si decides perderte por los jardines.

2 comentarios:

FRASOR dijo...

Mu chulo, que suerte estar cerca de París y poderle dedicar tiempo a visitarlo. Yo estoy acostumbrado a visitas de guiri, ¡hay que visitarlo todo en dos días!, y eso, lo único que te permite es hacerte una idea de lo que te pierdes.
Sigue disfrutando
besos

Cafeína dijo...

Lo bueno q tiene París es q aunque estés cerca y lo visites de vez en cuando, siempre ves algo distinto. Disfruta de tus visitas de 2 días, aprovéchalas al máximo y ¡¡llévate un París nuevo cada vez!!
Besos